Se oxida el alma

Se oxida el alma
si a la intemperie espera,
sus gritos calla
temiendo destacar;
y entre sonrisas
y cantos y alegrías
levanta un muro
de hielo y de cristal.
No pide auxilio
porque nadie le ataca,
no se relaja,
pues no le dan cuartel;
y cuando busca
la fuente de las balas
tan solo encuentra
su sombra en la pared.
Reptando se alza
persiguiendo los rayos
del sol dorado
que brilla alrededor;
reptando llega
a asir la mano amiga
que afable entrega
el cariño bienhechor.
Y tras la dicha
de ser al fin salvada,
sin sospecharlo
ni poderlo frenar,
golpea el miedo
con su espadón de dudas
cercenando las alas
que le hacían volar.
Y se hunde el alma
tras haber visto el cielo
sabiendo ahora
lo que deja al marchar;
y agonizando,
ahogándose en recuerdos,
a las sombras se entrega
sin poder luchar más.


Nota: Este poema lo escribí en una tarde de ánimo bastante malo allá por el mes de febrero y decidí mandarla a un concurso. Como el fallo ya tuvo lugar y no ganó nada, supongo que no habrá problema en que la publique aquí.

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